La fusión nuclear roza el hito comercial: los reactores superconductores marcan récords de estabilidad térmica
La fusión nuclear, a menudo descrita como la 'energía del futuro que siempre estará a 30 años de distancia', está rompiendo su propia maldición temporal. Gracias al uso de nuevos imanes superconductores de alta temperatura (HTS), varios proyectos internacionales están logrando estabilizar el plasma a temperaturas extremas de forma prolongada.
¿Por qué la fusión nuclear es el Santo Grial energético?
A diferencia de la fisión nuclear (la tecnología que utilizan las centrales nucleares actuales, que rompe átomos pesados generando residuos radiactivos durante miles de años), la fusión une átomos ligeros de hidrógeno para formar helio. Este proceso genera cuatro veces más energía, no produce gases de efecto invernadero y sus residuos pierden la radiactividad en apenas unas décadas.
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El combustible necesario es el deuterio y el tritio, isótopos del hidrógeno que se pueden obtener del agua marina de forma prácticamente inagotable. Es, en esencia, reproducir el motor de combustión de las estrellas dentro de una botella magnética en la Tierra.
El secreto está en los imanes HTS
El mayor desafío técnico de la fusión es que ningún material físico puede soportar el contacto con un plasma a 150 millones de grados Celsius (diez veces más caliente que el núcleo del Sol). La solución es suspender el plasma en el aire dentro de un reactor con forma de dónut (Tokamak) utilizando potentes campos magnéticos.
Los nuevos imanes superconductores de óxido de cobre, bario y tierras raras (REBCO) permiten generar campos magnéticos extremadamente intensos ocupando una fracción del espacio de los imanes antiguos. Esto ha permitido diseñar reactores mucho más pequeños, económicos y rápidos de construir, acelerando los plazos de la investigación privada de forma espectacular.